Visión Ikigai
"Te llamo mañana." No llamas.
"Termino esto el viernes." Lo entregas el martes siguiente.
"Cuenta conmigo." Desapareces cuando se complica.
Son promesas pequeñas, ¿verdad? Pero algo muere cada vez: tu palabra. Y con ella, quién eres.
Los japoneses llaman Makoto (?) a la integridad absoluta de tu palabra.
Más que no mentir
Makoto es la coherencia total entre lo que piensas, dices y haces. Para los samuráis, su promesa era un juramento de vida o muerte. Su honor estaba en juego con cada compromiso.
Ellos entendían algo que olvidamos: tu palabra es tu identidad destilada.
Cada vez que cumples, refuerzas tu confiabilidad. Cada vez que no, la erosionas.
El costo invisible
Cada promesa rota te cuesta dos veces:
Credibilidad externa. Otros aprenden que tu "sí" no es real. Dejan de contar contigo para lo importante.
Credibilidad interna. Tu subconsciente aprende que tus compromisos no son serios. La próxima vez que te prometas algo —ejercicio, cambio de hábito— una voz dirá: "Sí, claro, como siempre."
La segunda pérdida es devastadora. ¿Cómo cambias si no crees en tus propios compromisos?
Las dos reputaciones
La pública: Cómo te ven en grandes momentos.
La real: Qué tan confiable eres en lo pequeño que nadie nota.
La segunda cuenta más.
El líder que promete proyectos ambiciosos, pero no responde mensajes. La pareja que jura amor eterno, pero olvida llamar cuando dijo. El amigo "siempre ahí" excepto cuando realmente lo necesitas.
El Makoto vive en los detalles invisibles.
Los tres niveles
Nivel 1: No mentir abiertamente. El mínimo.
Nivel 2: Cumplir lo prometido. Elimina al 70%. Requiere disciplina real.
Nivel 3: No prometer lo incumplible. El verdadero Makoto. Requiere humildad.
La mayoría falla en nivel 2 porque promete demasiado en nivel 3.
Cómo vivir con Makoto
Di "no" más. Cada "sí" incumplido daña más que un "no" honesto.
Reduce compromisos. La integridad requiere espacio. Menos promesas, más cumplimiento.
Trata lo pequeño como sagrado. "Te llamo en 10 minutos" es tan inviolable como un contrato millonario. El músculo de la integridad se entrena en lo pequeño.
Repara rápido al fallar. El Makoto no es perfección; es honestidad radical sobre tus fallas.
Crea sistemas. Recordatorios, gestión de compromisos. Tu palabra es demasiado valiosa para el azar.
Makoto contigo mismo
Lo más difícil: cada vez que te prometes ir al gimnasio y no vas, entrenas tu mente para no creerte.
¿Cómo esperan otros confiar en tu palabra si tú no confías en ella?
El verdadero Makoto es ser brutalmente honesto contigo mismo sobre quién eres realmente y qué harás.
El mundo sin Makoto
"Te escribo" = "tal vez", "Quedamos" = "si no sale algo mejor", "Cuenta conmigo" = "excepto si es inconveniente"
Resultado: relaciones superficiales, contratos interminables, desconfianza total.
Tu próxima promesa
Antes de prometer algo, pausa.
¿Realmente lo harás? ¿Sin importar qué?
Si no es un "sí" rotundo, di "no" o "déjame pensarlo".
Tu palabra construye tu identidad. Trátala como sagrada.
Al final, lo único que importa es la reputación que tienes contigo mismo cuando te ves al espejo.
¿Ves a alguien cuya palabra vale?
Arigatou gozaimashita.