Todo presunto, por cualquier cosa

Periplo canicular

En Aguascalientes, nada pasa oficialmente. Todo es presunto, provisional, preventivo, rutinario, o en el peor de los casos, malinterpretado por la prensa. Aquí, los motines tienen comunicados de prensa y los capos se detienen sin que nadie comente más que lo estrictamente necesario. Aquí la violencia no existe, solo se “revisa”, “coordina” o “asegura”.

El viernes, la Guardia Nacional detuvo a Armando N., alias El Charro, presunto líder del Cártel Jalisco Nueva Generación en el estado. Aseguraron armas, dinero, droga, relojes de lujo y hasta un uniforme con las siglas del CJNG.

Tres días después, el lunes amaneció con un rumor que, por supuesto, también fue “presunto”. Un motín en el CERESO de Aguascalientes. Personas privadas de la libertad supuestamente subieron a las azoteas con palos y gritos; las familias afuera esperaban saber si alguien había muerto. La Secretaría de Seguridad Pública del Estado aseguró que no hubo tal motín, sino una “revisión sorpresa”. Sorpresa, sí, para los custodios que, según se dice, fueron obligados a quedarse en sus puestos mientras el penal ardía.

Minutos después, el Poder Judicial de la Federación cerró completamente sus puertas. Ni entrada ni salida. Soldados y Guardia Nacional. Todo, presuntamente, vinculado con las declaratorias del mismo Charro. Por cierto, el secretario de Seguridad aseguró que los detenidos ya habían sido trasladados a la Ciudad de México. Aunque los veíamos aquí. Aunque el PJF estaba bajo resguardo.

Y mientras las autoridades escriben su versión, dentro del CERESO se sigue cobrando por existir. Dos mil pesos por visita, trescientos por semana para tener donde dormir; todo bajo la custodia del crimen que, dicen, no tiene presencia en el estado. Los reclusos pagan por respirar. Los custodios pagan por obedecer. Y nosotros pagamos por callar.

Mientras tecleaba esta columna, me enteré de otro presunto motín, ahora en El Llano. Y uno ya no sabe si reír, llorar o archivar la nota en la carpeta de “revisiones sorpresa”. Porque en Aguascalientes nadie se subleva, nadie se escapa, nadie muere. Aquí todo está en orden.

Presuntamente.

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