Mirar para otro lado… ¡Vive libre!

Desde el Lunar Azul

Buen día, estimados lectores. Empecemos con el tema ineludible en nuestro país el día de hoy.

Pareciera que Uruapan está tan lejos… o tan cerca, según cómo lo veamos. Los problemas en Michoacán, Guanajuato o Sinaloa por mencionar solo algunos estados que han sufrido crisis de seguridad y trascendido mediáticamente, no se incubaron ni brotaron de un día para otro. Durante mucho tiempo, y de manera silenciosa y cómplice, autoridades, empresarios y buena parte de la sociedad permitieron que los delincuentes avanzaran e incluso se integraran a la vida cotidiana de esas regiones.

De repente aparecían gasolineras nuevas, restaurantes de lujo, construcciones fastuosas con inversiones millonarias… de personas desconocidas. O aquel empresario medio quebrado y “bisnero” que, mágicamente, se convertía en socio principal de negocios prósperos.

Cualquiera que se dedique a un negocio lícito sabe lo complejo que resulta generar un patrimonio importante. En los negocios reales se avanza de forma lineal, poco a poco. Las empresas legítimas requieren reinversiones constantes para consolidarse y crecer.

En nuestro estado se presume el famoso “blindaje” como la panacea: patrullas, fuerza de choque, uniformes nuevos. Pero ¿ese es realmente el mejor blindaje? No contamos con un verdadero sistema de inteligencia en procuración de justicia ni en combate a la corrupción. Nadie detecta cuando, de pronto, algún funcionario menor que vivía en una casa de interés social aparece viviendo en el Campestre, o en un fraccionamiento donde una casa cuesta más de lo que sus percepciones le permitirían siquiera rentar. Sus hijos asisten a colegios o universidades que no podrían pagar ni juntando el sueldo de todo un año.

Y no se trata de fingir pureza moral. Nadie anda vestido de blanco. Pero cuando la delincuencia de cuello blanco se mimetiza con el gobierno y con autoridades electas, ¿cuál es el resultado esperado?

La clase empresarial y los ciudadanos suelen criticar y llenarse la boca hablando contra los partidos políticos y la corrupción. Sin embargo, cuando les ofrecen un contrato aunque no cumplan los requisitos técnicos y les piden su “moche”, lo entregan sin chistar.

¿Y los padres de familia que saben que sus hijos andan en “malos pasos”? ¿Qué responsabilidad tienen ellos?

Volvamos a la clase empresarial, la que tiene los billetes y la capacidad de hacerse notar. Se acercan los procesos electorales. Si no se unen, alzan la voz y cierran filas para evitar que se sigan infiltrando intereses ajenos, foráneos y oscuros que todos saben quiénes son y dónde despachan, luego no se quejen cuando Aguascalientes reviva lo que ya vivimos hace no tantos años: empresarios perseguidos, negocios extorsionados y familias obligadas a emigrar.

Y sí, es verdad: Felipe Calderón inició esta guerra fratricida, creyendo que con balas se resolvería lo que durante décadas se incubó con omisión y complicidad. Pero también es cierto que Morena ya lleva siete años en el poder. Siete años en los que el discurso del “no somos iguales” ya no alcanza para justificar la violencia, los territorios perdidos ni la inseguridad que se normalizó. Los pretextos se agotaron. Hoy el país sigue manchado de sangre, aunque el relato oficial insista en que “vamos bien”.

“Somos más los buenos”, suelen presumir. Puede ser… pero Uruapan no está tan lejos. Si seguimos mirando hacia otro lado, por miedo o por complicidad, no nos quejemos después cuando nuestra tierra buena caiga en manos de quienes se disfrazan de empresarios pero solo son gánsteres con cargo público. No saben hacer negocios: solo amedrentar, robar y arruinar todo lo que tocan.

Está en manos de todas las asociaciones empresariales de este estado actuar. Saben qué puertas tocar y con quién hablar. Es momento de unirse por el bien de todas y todos. Aguascalientes no merece seguir el camino de las complicidades y las omisiones.

No se arregla esto con cartulinas “anónimas” en el centro.

Hasta aquí subió la roca.

Por: Sísifo

Columnista itinerante del Lunar Azul

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