Cuando el poder deja de escuchar

Desde el Segundo Piso

Los bloqueos recientes muestran que el país respira inconformidad. La 4T enfrenta su mayor reto, gobernar sin asfixiar la esperanza.

En política, el exceso de control termina por ahogar. Morena, con una fuerza popular inédita, corre el riesgo de confundir estabilidad con rigidez. Cuando el poder deja de respirar, empieza a marchitarse desde dentro.

El gobierno presume cohesión, pero debajo hay fatiga económica, tensión institucional e irritación social. Los bloqueos no son solo protesta, son señales de que el poder ha dejado de escuchar.

La economía crece sin impulso; los programas sociales sostienen el ánimo, pero no encienden los motores productivos. La informalidad limita la recaudación, y la llamada “justicia fiscal” se siente más como peso que como promesa de crecicimiento.

Morena gobierna un país de intereses cruzados y élites que nunca se van. Si el proyecto se encierra sobre sí mismo, perderá su principal oxígeno, la confianza.
En ese contexto surgeSalinas Pliego, que convierte la provocación en bandera política. Su ostentoso cumpleaños no fue solo frivolidad, sino una jugada simbólica, para desafiar al poder desde su propio terreno. Su pleito fiscal también es político, ya que cuestiona la autoridad moral del Estado.

Como Trump en su momento, podría encender un populismo de signo opuesto si el gobierno no entiende que el malestar social no se controla, se escucha y atiende.
Incluso dentro de Morena se reconoce cierta desconexión con empresarios, medios y sectores sociales. Esa distancia puede volverse aislamiento, y el aislamiento, al final solo provoca desgaste.

Morena necesita puentes, no muros. Escuchar sin miedo, corregir sin soberbia. La economía requiere incentivos, confianza y transparencia. Un gobierno fuerte no es el que solo recauda más, sino el que logra que los ciudadanos quieran contribuir porque confían en el destino de sus impuestos, con transparencia.

El poder no se sostiene solo con mayorías ni con lealtades, sino principalmente con resultados y apertura. Si la transformación quiere durar, debe aprender a respirar a soltar el control ferreo, dialogar y dejar entrar el aire fresco de la autocrítica al segundo piso.

Gobernar no es solo imponer, sino escuchar. La verdadera fortaleza del poder está en su capacidad de corregirse, de respirar con el país, no encima de él.
Mientras algunos confunden la rebeldía con el capricho y la riqueza con el mérito, la verdadera transformación se mide en la capacidad de sostener la esperanza ciudadana sin perder el rumbo.

Morena aún puede hacerlo. Pero para lograrlo necesita volver al origen, al diálogo, a la humildad y a la empatía con quienes lo llevaron al poder. La legitimidad no se conserva con control, sino con confianza.

Octavio Paz lo recordaba: “los pueblos no cambian por decreto, cambian cuando descubren que pueden hacerlo.”

Y México si puede hacerlo, siempre que su poder aprenda a respirar con el pueblo y no a costa de él.

Es tanto.

Autor: Ricardo Heredia Duarte

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