Refundar la esperanza: entre el poder, el desencanto, y la tercera vía

Opinión

La política mexicana atraviesa un momento de ruido y desconcierto. Viejas estructuras intentan revivir con discursos reciclados, mientras los movimientos que prometieron renovación parecen haberse detenido en su propia inercia. Entre los extremos de un conservadurismo que no evoluciona y un progresismo que se desgasta en pugnas internas, el país se pregunta una vez máshacia dónde avanzar.

El llamado relanzamiento del PAN es, en el fondo, un eco del pasado: la ilusión de una modernidad sin alma. No puede relanzarse quien no se ha replanteado. Su ideología, fundada en la moral del privilegio, carece del oxígeno necesario para dialogar con las nuevas generaciones. Por su parte, MORENA, el movimiento que alguna vez despertó esperanza, ha comenzado a extraviarse entre la ambigüedad de su identidad y la dispersión de sus causas. Lo que nació como verbo se volvió estructura; lo que fue causa se convirtió en administración.

Refundar no es reorganizar. Refundar es preguntarse desde el alma por el sentido original. México necesita hoy una refundación ideológica que no venga del poder, sino de la conciencia colectiva. Una que coloque en el centro a la persona, la educación, la salud, la ciencia, la ética y la ternura social.

Entre los dogmas del pasado y las decepciones del presente, emerge la posibilidad de una tercera vía: una fuerza humanista, social y profundamente comprometida con la masa silenciosa y dolida, que aún conserva esperanza, aunque ya no confíe en los partidos. Esa tercera vía no buscará conquistar, sino reconciliar; no querrá más héroes, sino seres humanos capaces de mirar el país con compasión y pensamiento.

Y quizá como símbolo de los nuevos tiemposesa tercera fuerza podría estar encabezada por una mujer. No por simple paridad, sino por vocación histórica.

Porque es tiempo de la mirada que cuida, del liderazgo que escucha, aún entre reclamos y lodo, del poder que nutre. El siglo XXI no necesita más caudillos, sino madres políticas: figuras que representen la madurez del alma colectiva, la templanza y la empatía frente al desgaste del cinismo.

En esa visión se inscribe la presidenta, que encarna con sus aciertos y desafíosla posibilidad de una política guiada por la razón, la ciencia y el sentido social.

Hacerle un guiño es reconocer que el poder, cuando se ejerce con inteligencia y con serenidad, puede ser semilla de transformación.

Quizá la gran tarea que tenemos sea lade resignificar la palabra “servir”. Refundar la política no en los templos del poder, sino en los corazones de quienes todavía creemos que México puede pensarse distinto.

Porque solo cuando la política deje de ser campo de batalla y vuelva a ser espacio de encuentro, de debate crítico, sustentado, y no exhibición de la ignorancia, y descalificación banal, entonces y solo entonces, podremos decir que hemos refundado algo más grande que partidos: habremos refundado los ideales más nobles.Tal vez sea hora de sacudir el árbol y retirar los malos frutos.

OTRAS NOTAS