En días pasados un hombre subió al altar mayor de la Basílica de san Pedro en el Vaticano y lo orinó. Esta profanación no ha sido la única que lamentablemente ha sufrido el altar de este especio sagrado. Hace unos meses, a inicios de 2025 una persona subió al altar y tumbó los candelabros.
Los motivos por los cuales una persona realiza este tipo de acciones son diversos. Algunos los hacen en señal de protesta, otros justifican la acción derivada de una situación mental.Lamentablemente las profanaciones a los lugares sagrados se extienden a lo largo del mundo. Recordemos como en la época de la Cristiada algunos templos fueron convertidos incluso en caballerizas.
Hace unos años en la parroquia en la que sirvo una persona cortó el techo que es de lámina y por ahí ingresó al templo, con la ayuda de una varilla logró abrir el Sagrario y mover de su lugar las hostias consagradas. Ejemplos de profanaciones sea en Roma o en Aguascalientes lamentablemente existen. Sea el motivo que sea por el que una persona comete semejante cosa, creo que nos coloca frente al tema del respeto. Las personas no pensamos igual ni siquiera todos creemos de la misma manera.
Dentro del cristianismo existen diversas ramas y no por eso tendríamos que pelearnos ni discutir como lamentablemente se ha realizado en algunos momentos. La religión es una expresión sagrada para el ser humano, independientemente del credo que profese. ¿Qué derecho tenemos de violentar con nuestra conducta un lugar que denota sacralidad para ciertas personas?
Si bien las profanaciones son actos relativamente aislados, pienso que existen ciertas conductas que, si bien en sí mismas no son profanaciones, pero sí faltas de respeto no sólo para un lugar considerado como sagrado sino para las personas que profesan determinado credo.
Dentro de los templos católicos quizá uno de los mejores ejemplos de falta de respeto al lugar sagrado y a la fe de algunos, lo tenemos en las celebraciones de matrimonios o exequias, éstas suelen ser misas que congregan a personas que no siempre asisten a la Eucaristía o bien personas que ni siquiera son católicas. En nuestros templos todos son bienvenidos, sin embargo, aunque en ocasiones asistan personas que no compartan nuestra fe, lamentablemente algunas de estas personas no siempre muestran actitud de respeto y empatía por lo que en estos recintos celebramos.
Estoy convencido que el respeto sigue siendo un tema esencial para mantener relaciones positivas con las demás personas. El respeto no es un tema que sea propio de un credo religioso, sino que tendría que ser un valor que esté presente en la vida de todo ser humano. El respeto nos lleva a valorar y agradecer la presencia del otro en nuestra vida y el regalo que la creación supone.