El fin de COMPAS o la alergia al cambio en la tierra del e-power

Desde el Lunar Azul

Buen viernes, estimados lectores de este Lunar Azul. Pues nada, empezamos con la nota que fue bomba en lo automotriz a nivel nacional y que se vendió como una tragedia, culpando a la 4T.   Y aquí, en Aguascalientes, algunos ya lloran el cierre de la planta COMPAS como si se acabara la era del automóvil… o peor, como si fuera otro castigo de la 4T. Pero no, esto no es un complot de Palacio ni un portazo alemán a la productividad hidrocálida. Es, simplemente, el mercado ajustando sus tornillos.   Infiniti y Mercedes-Benz dejaron de ver rentable fabricar aquí sus QX50, QX55 y GLB: la demanda global de autos premium se desinfla, los consumidores prefieren eléctricos, híbridos o SUVs más accesibles, y las líneas de lujo ya no cuadran con la eficiencia brutal que exigen los tiempos. Nissan, por su parte, ejecuta su plan “Re:Nissan”: consolidar, recortar y reubicar. Y COMPAS, por brillante que haya sido en 2017, ya no encaja en el nuevo tablero. Porque la revolución no viene de Japón ni de Stuttgart: viene de Shenzhen. Las marcas chinas dominan el juego eléctrico, inundan el mercado y marcan el paso de una industria que cambia más rápido de lo que Aguascalientes quiere admitir.   Así que no, el cierre no es “culpa del gobierno”, sino consecuencia de un ecosistema global que premia la adaptación y castiga la nostalgia. Aguascalientes, que alguna vez fue “la joya automotriz de México”, enfrenta su prueba de madurez: dejar de vivir de la herencia de Nissan y empezar a reinventarse. Porque seguir esperando a que la próxima gran planta extranjera lo salve es como rezar porque el fax vuelva a ponerse de moda.   El fin de COMPAS no es una catástrofe, es un aviso. Y los que lo ven como tragedia política simplemente no entienden que, en la economía global, ya no hay garantías de permanencia. Nos guste o no, el motor cambió… y quien no aprenda a cargar la batería se quedará varado mirando cómo pasan los chinos en silencio. Y como muestra un botón, esta semana estuvo en México el CEO mundial de Mazda, buscando cómo hacer viable el crecimiento de esa marca en nuestro país. Se reunió con la presidenta Sheinbaum y con el sindicato titular del contrato colectivo de sus trabajadores de la planta que tienen en Guanajuato. Y justo bajo esta óptica de dinamismo e incertidumbre global, dicha marca apuesta por invertir en nuestro país, viendo como aliados al sindicato y a los empleados, que —al parecer— el cambio de central obrera que hubo hace poco en esa planta fue más que positivo para generar un clima de cooperación entre sindicato, empleados, empresa y gobierno.   Así es que no nos asustemos por lo de COMPAS y entendamos que con flexibilidad y reinvención, con innovación e investigación en el ramo automotriz mexicano, es posible evolucionar y salir adelante. Dejemos los fatalismos y pongamos manos a la obra.   Sí, se perderán empleos. Sí, los proveedores locales resentirán el golpe. Y sí, Aguascalientes pierde un activo industrial que por años fue símbolo de orgullo. Pero, más que un epitafio, este cierre debería leerse como una señal de alarma. Si el estado quiere seguir jugando en la liguilla automotriz, no bastará con ofrecer tierra barata, incentivos fiscales y una mano de obra disciplinada. El futuro exige otra liga: atraer plantas de nueva generación enfocadas en vehículos eléctricos e híbridos, construir cadenas de suministro que no solo ensamblen sino que desarrollen tecnología, y diseñar políticas locales que apuesten por la diversificación, no por el próximo gigante salvador.   El verdadero desafío está en el capital humano: pasar del obrero al innovador, del técnico al investigador, del operario al creador. Porque el nuevo motor de Aguascalientes no será el de combustión… será el del conocimiento.   Y bueno, cerramos con algo de grilla partidista, que nunca falta. Como ya lo habíamos adelantado, el team Nora anda muy movido buscando convencer a don Tacho Álvarez de que, ahora sí, se anime a ser candidato a la alcaldía, en mancuerna con la senadora.   Todo esto mientras, al parecer, el vocero enamorado está concentrando sus baterías en hacer aún más famosa a la influencer-alcaldesa de la Cuauhtémoc, que, por cierto, le está funcionando seguir de influencer más que de alcaldesa: en las últimas mediciones de varias encuestas aparece como la mejor evaluada entre las 16 demarcaciones de la CDMX.   Lo que nadie le ha explicado al triple A es esa vieja máxima política: “en política, lo que resiste, apoya”. Pero bueno, tiempo al tiempo.   Por lo pronto, los guindas en Aguascalientes deberían tomar nota: o se reinventan y se abren de verdad a la sociedad, o seguirán siendo los eternos perdedores quejosos del “ya merito” en la cancha electoral.   El lunes profundizaremos en lo que podría representar, en el escenario de 2027, que un joven —sexalescente, le llaman— y reconocido empresario como Tacho Álvarez decida entrarle en serio a la contienda.   Hasta aquí subió la roca. Por: Sísifo Columnista itinerante del Lunar Azul  
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