El aniversario del caos: Aguascalientes 450 y su movilidad fallida

Desde el Lunar Azul

Ayer se celebraron los 450 años de la fundación de nuestra Villa de la Asunción de las Aguascalientes —o de las “aguascachondas”, como decimos con cariño y desahogo—, en medio de un desorden y múltiples fallas en la conducción de nuestro municipio.

En la sesión solemne, realizada en el histórico Teatro Morelos, fue notorio el caos en el acomodo de los invitados especiales. Personajes de peso histórico como el exalcalde y exgobernador Luis Armando Reynoso Femat fueron relegados a una segunda fila, en una orilla, mientras funcionarios menores del actual Ayuntamiento ocupaban los lugares de honor. Digo yo, por mera cortesía, que debió prevalecer el respeto al orden protocolario. Pero no: el reflejo de este Ayuntamiento se proyectó sin filtros.

Dicen que cuando no hay cabeza, todo se vuelve rabo.

Y mire usted, más allá de este acto protocolario que el gobierno municipal quiso vestir de “gran celebración” (hasta viajaron a San Lázaro para presumirla), lo que los habitantes de esta villa realmente pedimos es orden. Orden, y que se cumpla con lo que el artículo 115 constitucional les manda: atender los servicios públicos municipales. No andar de inventados, metiéndose en todo menos en lo que les corresponde.

Porque si uno se da una vuelta por las calles, lo primero que salta a la vista es la invasión del comercio ambulante. Cada día hay más puestos, más toldos, más bulla… y menos autoridad. Los encargados de vigilar y sancionar ni por aludidos se dan. El director de Mercados, con más de nueve años en el cargo, ya se imaginará la cantidad de complicidades tejidas en tanto tiempo.

Un ejemplo emblemático es el mentado “Market Nocturno”, usufructuado por una pareja donde el varón se hace llamar “El Moreno Sabroso” y su compañera, quienes han convertido un espacio público en negocio privado. Ahí, cada semana, cobran cuotas a los cientos de puestos que se instalan, sin que un solo peso entre a las arcas municipales. Y como el Ayuntamiento prefiere evitar líos —o quizá es parte del negocio—, se hace de la vista gorda.

Eso sí: al día siguiente, Servicios Públicos debe limpiar el tiradero que dejan.

No se trata de cancelar ese mercado, sino de ponerle orden: que se cobren cuotas, sí, pero conforme a derecho. No hay razón para que particulares sigan lucrando con lo que es del bien común. Ojalá el alcalde y su cabildo tomen cartas en el asunto.

Y en el FICO Trece —o “Tres Centurias”, como pomposamente lo llaman— la historia se repite. Varios locatarios denuncian que el director les cobra rentas y cuotas sin entregar recibos oficiales. Cuando preguntan, el funcionario responde que “la uno” le autorizó que ese dinero era para él. ¡Válgame Dios! Ojalá alguien le explique que los recursos públicos no se reparten al gusto del encargado. Y de paso, que el flamante Sistema Estatal Anticorrupción —que tanto presume presupuesto y poco resultados— se digne a investigar estos casos.

La movilidad… o la inmovilidad

Cerramos con un tema que amerita lupa: el sistema de movilidad o, mejor dicho, de inmovilidad del transporte público en nuestra ciudad.

Hasta hace algunos años, el transporte urbano no le costaba nada al erario. Pagábamos nuestro pasaje y listo. Hoy, desde que el exgobernador Martín Orozco decidió “intervenir” en el tema, el sistema YoVoy nos cuesta año con año más de 300 millones de pesos del presupuesto estatal. Y lo peor: seguimos igual o peor que antes.

Porque con Carlos Lozano, el sistema se mantenía sin subsidio directo, y desde entonces se ha vuelto un barril sin fondo. En 2024 y 2025, según cifras oficiales, el gobierno destinó mas de 300 millones de pesos en cada año, al sistema YoVoy, con la promesa de mejorar la flota de  unidades. Sin embargo, los usuarios siguen denunciando esperas de más de 30 minutos, rutas saturadas y camiones en mal estado.

Y mire que el actual titular de Movilidad ya lleva más de seis años en el cargo. Tiempo y dinero no le han faltado. Lo que sí falta es eficiencia y transparencia. Porque no funciona, y nadie rinde cuentas.

Ahí está el ejemplo: cuando la gobernadora intentó hace unos meses subirse “de sorpresa” a la ruta 50, esperó casi media hora para que pasara un camión. Al final, se rindió. Ese es el retrato del sistema: ineficiente, caro y ajeno a la realidad de miles de trabajadores y estudiantes que dependen de él todos los días.

Mientras tanto, el gobierno estatal sigue pagando los costos —literalmente— de la ineptitud de sus funcionarios. Y este servicio, que debería ser un derecho básico, se ha convertido en uno de los más onerosos para las clases populares, las mismas que no pueden comprarse un automóvil.

A ver hasta cuándo la Gober sigue tolerando tanta ineficiencia.

Hasta aquí subió la roca.

Por: Sísifo
Columnista itinerante del Lunar Azul

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