Rifando el futuro: el PAN y la ilusión digital

Desde el Segundo Piso

Hay algo profundamente simbólico y casi tragicómicoen que el Partido Acción Nacional haya decidido relanzarse rifando un iPhone 17 pro. No es solo una anécdota menor de la política mexicana; es una metáfora precisa de nuestro tiempo, el de un país donde los partidos tradicionales buscan likes más que votos, y donde la clase política parece más ansiosa por parecer moderna que por entender la modernidad.

Porque lo que se está jugando no es solo una estrategia de comunicación, sino un cambio de época. Vivimos en el tecnofeudalismo, ese sistema que describe Evgeny Morozov, la mutación del capitalismo donde el poder ya no reside en la propiedad de las fábricas o los recursos naturales, sino en el control de los datos, los algoritmos y la atención. No manda el mercado, mandan las plataformas. Y en México, los politicos, siempre dispuestos a disfrazarse de lo que haga falta, intentan subirse a ese tren con la torpeza de quien no sabe usar un código QR.

El PAN, en su intento de rejuvenecer su marca, parece haber confundido “renovación” con “rifa”, y “estrategia digital” con “influencer barato”. El problema no es el iPhone, sino lo que representa, la ilusión de que el fetiche tecnológico puede sustituir la convicción ideológica. Es la misma lógica del tecnofeudalismo, convertir la adhesión política en una transacción simbólica donde el ciudadano se vuelve usuario, el voto se gamifica y la política se reduce a una experiencia de consumo emocional.

Jorge Romero prometia relanzar al partido con aire fresco, pero lo hace rodeado de los mismos apellidos, los mismos cuadros, y sobre todo, los mismos silencios. Mientras tanto, el PAN ha roto su último hilo de viabilidad nacional, la alianza con el PRI. Sin ese armatoste electoral, su regreso al poder federal es una fantasía. Aun así, insisten en hablar de “refundación” con un entusiasmo que solo puede tener quien no se ha dado cuenta de que su edificio está vacío.

El tecnofeudalismo político mexicano tiene sus propios señores y vasallos, el señor X por ejemplo. Las plataformas X, TikTok, YouTube, Meta son los nuevos castillos donde se administran los feudos de la atención. Los partidos tradicionales son campesinos digitales, mendigando relevancia, intentando entrar al algoritmo con discursos reciclados y hashtags oxidados. Morena domina el territorio porque entiende la lógica de la narrativa constante, del “momento” perpetuo; el PAN, en cambio, intenta pelear con los instrumentos de un siglo anterior.

Pero sería injusto reducirlo todo a una parodia. El PAN aún conserva algo que quiza, ni Morena ni Movimiento Ciudadano tienen, una memoria institucional de gobierno, una estructura cívica en algunos estados, y un electorado que, aunque cansado, aún no se entrega del todo al nihilismo político. Su problema no es de forma, sino de sustancia, no ha podido reconciliar su herencia republicana con el lenguaje de la era digital. Su discurso moralista choca con la cultura del scroll infinito.

En los próximos años, el destino del PAN dependerá de si logra hacer una transición que no sea cosmética. Si se atreve a replantear su relación con el poder, con la tecnología y con la sociedad civil. Si no, quedará reducido a lo que ya parece ser, una marca nostálgica que ofrece rifa de gadgets en lugar de razones para creer.

Y asi mientras el tecnofeudalismo avanza, la derecha mexicana sigue discutiendo si subir o no videos a TikTok. La ironía es brutal, en un mundo donde los algoritmos moldean la percepción política, el PAN sigue pensando en términos de comité municipal. Y en ese desfase generacional se esconde su tragedia más grande.

¿ Quizá el iPhone 17 del sorteo simbolice lo que queda del proyecto histórico del PAN ? Un objeto caro, elegante, pero inútil si no tiene conexión. ¿ La rifa no es un gesto de innovación, sino una confesión de vacío ? Ya no hay convicciones que inspiren, solo estrategias de marketing que compiten con la inmediatez del meme.

El problema no es que el partido haya envejecido; es que envejeció sin aprender nada. Perdió su narrativa, su épica y su mística. Lo que alguna vez fue una organización de principios, hoy parece un influencer desesperado por relevancia, rifando gadgets mientras el país se reinventa al margen de su discurso.

En la era del tecnofeudalismo, los partidos ya no luchan por el poder político, sino por la administración de la atención colectiva. Y ahí, el PAN ni siquiera ha entendido las reglas del nuevo juego.

Porque, al final, no hay mejor resumen, como menciona Yuval Noah Harari“en la era digital, quien controla la atención controla la realidad.”

Autor: Ricardo Heredia Duarte

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