Bajo presión
Acción Nacional anunció su relanzamiento: nuevo logotipo, nueva aplicación, nuevos discursos y la promesa de no ir en alianza con nadie en las próximas elecciones. Aseguran que los candidatos serán elegidos por la ciudadanía y no por las cúpulas. Dicen que vuelven a sus raíces: la participación ciudadana, la ética política, la renovación desde abajo. Lo cierto es que nadie parece creerles; peor aún, todo indica que ellos mismos no se lo creen.
El problema del PAN no está en sus métodos de afiliación ni en sus procesos internos. Su crisis es más profunda: carece de liderazgo y de sentido ideológico. Es un partido que sobrevive gracias a inercias locales, donde la marca todavía funciona, pero el proyecto político se ha agotado. Las cúpulas que dicen desechar se presentan a sí mismas como la continuidad de la marca. No lo pudo decir mejor la presidenta Claudia Sheinbaum, citando a Juan Gabriel: “en el mismo lugar y con la misma gente.”
Las críticas del oficialismo son lo de menos; lo que sigue ausente es un análisis regional del panismo, un intento por entender qué significa, por ejemplo, que Aguascalientes siga siendo un lunar azul en el mapa nacional.
En Aguascalientes, el panismo sigue vivo, pero no gracias al PAN. Aquí el poder real no reside en el partido, sino en una persona: María Teresa Jiménez Esquivel. Desde hace años, Acción Nacional dejó de ser una estructura colectiva para convertirse en un vehículo al servicio de su liderazgo. La maquinaria electoral opera con precisión, pero el contenido político se ha vaciado. El PAN gobierna, sí, pero ya no representa una visión ni una comunidad; representa a la gobernadora. A ella se han sumado perredistas y priistas a costa de su identidad.
Jiménez Esquivel encarna una continuidad de poder que se presenta como eficacia. El estado mantiene buenos indicadores de crecimiento y estabilidad, pero el costo político de esa eficacia ha sido la desaparición de los partidos como espacio de deliberación. Hoy, Acción Nacional, el PRD y el PRI en Aguascalientes no son más que correas de transmisión del gobierno estatal. No hay disidencias, no hay debate, no hay partido: sólo administración.
Desde Luis Armando Reynoso, un panista más empresario que doctrinario, hasta Teresa Jiménez, el PAN ha gobernado el estado casi sin interrupciones. Entre ambos, apenas el paréntesis priista de Carlos Lozano de la Torre. Más de dos décadas de hegemonía deberían haber producido una derecha moderna, con proyecto y con cuadros formados; en cambio, sólo consolidaron un poder vertical, eficaz pero mudo, donde la figura de la gobernadora concentra todo, y en el que el PRI y el PRD han quedado como comparsas del proyecto individual de la mandataria, reducidos a su mínima expresión.
En el plano nacional, el relanzamiento del PAN pretende venderse como una ruptura con el pasado de alianzas y acuerdos. En realidad, es la confesión de su fragilidad. Acción Nacional no tiene con quién aliarse, pero tampoco con quién competir. Cuando careces de adversarios y de ideas, lo único que te queda es el culto a la identidad.
No se puede olvidar que, en lo local, la figura central en todas las elecciones recientes ha sido Teresa Jiménez Esquivel. El discurso de Jorge Romero, dirigente nacional del PAN, quien proclama “Patria, Familia y Libertad,” apenas disimula un coqueteo con la derecha moralista que en otros países florece bajo discursos autoritarios, pero que en México sobrevive disfrazada de corrección cívica. El problema no es ser de derecha, sino no saber qué significa serlo. En Aguascalientes, ser de derecha no es una convicción ideológica: es una posición de gobierno.
La llamada derecha social intenta reconciliar la compasión cristiana con el orden conservador; quiere mostrarse empática sin cuestionar el poder. Pero su ética es paternalista: habla del bien común mientras preserva los privilegios. En Aguascalientes, ese modelo ha sido elevado a gobierno: una autoridad eficiente, moralmente correcta y políticamente vacía.
Cuando el PAN habla de renovación, en realidad vuelve a su refugio más cómodo: el discurso moral. Justicia sin conflicto, orden sin autoritarismo, valores sin propuesta. Un sistema sin brújula, sostenido por la imagen de una sola persona.
El problema de Acción Nacional no es que haya perdido el poder: es que lo concentró en exceso. En Aguascalientes, el poder, todo el poder, tiene nombre y apellido. Una etiqueta con la que competirán los próximos candidatos.
Lo que enfrentarán los próximos aspirantes a la gubernatura y a la presidencia municipal capitalina no será el dilema entre una derecha social y otra más radical, sino la pregunta de dónde se colocan respecto a los deseos de la gobernadora; qué tanto les conviene alinearse para asegurar la continuidad de su proyecto político.
Coda. El PAN presume su relanzamiento nacional mientras en Aguascalientes ni siquiera puede lanzarse sin pedir permiso. Aquí la brújula no marca el norte: marca a Teresa Jiménez. Y mientras la maquinaria funcione, nadie parece querer moverse del lugar.
@aldan