La nueva escuela mexicana y los libros de texto en Aguascalientes

Peces de ciudad

El triunfo de la razón sobre la sensura

La reciente visita de Marx Arriaga al estado, invitado por la Senadora Nora Ruvalcaba Gaméz, reavivó temas locales que continuan latentes en las mentes de algunos. Vale recordar que han pasado ya dos años desde que en el estado de Aguascalientes se tomó la decisión de prohibir los Libros de Texto Gratuitos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) por instrucción del gobierno estatal. Aquel episodio, que algunos intentaron justificar como una “medida precautoria”, fue en realidad un acto político disfrazado de preocupación pedagógica. Se antepuso la disputa ideológica a los derechos de niñas, niños y adolescentes. Se politizó la educación pública y se negó, de manera arbitraria, el acceso a materiales diseñados para garantizar el aprendizaje universal.

Hoy, a dos años de ese hecho que algunos quisieron vender como una “defensa de valores”, es necesario decirlo con claridad: lo que se impidió no fueron libros, fue la posibilidad de que la educación mexicana avance hacia un modelo más humano, crítico y comunitario. Porque eso representa la Nueva Escuela Mexicana (NEM): una transformación educativa que busca hacer de la escuela un espacio de justicia social, emancipación y participación ciudadana.

Quienes atacan a la NEM recurren a una narrativa simplista: dicen que “ideologiza”, que “adoctrina”, que “es comunista”. Nada más alejado de la realidad. La Nueva Escuela Mexicana no impone una ideología; propone reconocer la realidad social del país y educar desde ella. No se puede enseñar matemáticas, lenguaje o ciencias ignorando la vida de los estudiantes. Se debe partir de su contexto para vincular lo que aprenden con la vida.

La NEM no es un capricho. Se basa en los siguientes principios: educación como derecho, humano, no como privilegio; participación comunitaria y vínculo con la realidad social; aprendizajes fundamentales para la vida, no solo memorización de contenidos; reconocimiento de la diversidad cultural y lingüística de México; igualdad sustantiva y justicia social; Pensamiento crítico y formación ética; proyectos integrados que vinculan saberes, porque el conocimiento no está fragmentado en la vida real.

En este contexto nos preguntamos: ¿Por qué molestaron y molestan aún hoy a un pequeño grupo consevador los nuevos libros?

Simplemente les resultaron incómodos porque rompen con el modelo tradicional que veía al alumno como un recipiente vacío. Ahora se concibe como sujeto activo que piensa, discute y crea. Y eso incomoda a quienes prefieren ciudadanos obedientes en vez de ciudadanos críticos.

Aguascalientes no prohibió libros por errores de contenido —que, por cierto, siempre han existido y se corrigen con diálogo—; los prohibió porque la NEM coloca a la escuela del lado de la comunidad, no del mercado; del lado del pensamiento crítico, no de la obediencia ciega; del lado de la justicia social, no del elitismo educativo.

Defender la escuela pública es defender el futuro y quienes bloquearon los libros alimentaron el miedo en lugar de acompañar el proceso pedagógico. Pero la educación no se mejora desde el miedo ni desde la censura. Se mejora desde la participación, el compromiso y la construcción colectiva.

A dos años de la censura educativa en Aguascalientes, es momento de defender con firmeza la Nueva Escuela Mexicana. No es perfecta —ningún proyecto educativo lo es—, pero abre la puerta a una educación más humana, democrática e inclusiva. Frente a quienes quieren regresar al pasado, la NEM propone mirar de frente al futuro.

Las visitas de personajes como Marx Arriaga a Aguascalientes, promovidas por la Senadora Nora Ruvalcaba Gámez, son relevantes porque nos recuerda que la educación no es campo de batalla política. Es, y debe seguir siendo, el camino para construir un país más justo, más libre y más digno.

 

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