NATURALEZA Y CULTURA

Una laguna Institucional

Todo lo que nos rodea mientras no haya sido modificado por la mano del hombre de acuerdo a su iniciativa, industriosidad, poder de fantasía, capacidad de asombro y pensamiento divergente, es definitivamente “naturaleza”. Como individuos, somos seres biológicos y, por lo tanto, tenemos necesidades y así, de esta manera, se satisfacen en ese orden. Por esa misma naturaleza, el ser humano es gregario; necesita de los demás para comunicar esas necesidades a través de sus emociones, sentimientos y anhelos, con base en un inagotable abanico de lenguajes que van más allá de la comunicación oral o escrita. La mano del hombre, puede tomar una manzana de un árbol para alimentarse o beber agua del rio para saciar su sed, pero en el momento que se da a la tarea de construir un refugio para vivir, protegiéndose del clima, abrigándose y estar a salvo de su entorno natural, tomando con referente la experiencia de otros seres humanos, con ese mismo refugio dotado de herramientas, muebles y enseres básicos que le proporcionen seguridad y comodidad, habrá explorado lo suficiente para entrar en la atmósfera de la cultura.

“Todo ser humano es idéntico así mismo y por lo tanto diferente a otros” (COLUMBRES, Adolfo, 2009, p.155). Columbres también afirma que “hay identidad personal e individual, y otra social o colectiva, es decir de grupo de pertenencia” (p.156). Por ello, partir del hecho en donde las diferencias individuales e identidades personales que conviven con otras identidades, en la diversidad de ámbitos y colectividades con rasgos de convivencia particulares, permite a cada uno de sus participantes sentirse miembros de la identidad que caracteriza a una comunidad, región, estado o nación… a una cultura.

La identidad personal según Erikson, comienza en la adolescencia y, según yo, comienza desde la primera infancia, afirmación que categóricamente argumento con base en el artículo anterior donde escribí acerca del Plan de Actividades Culturales en Apoyo a la Educación Primaria (PACAEP). La identidad es el resultado de la interacción con otras identidades donde se define la propia, a través de reacciones espontáneas (naturales) o premeditadas. Por ello, resulta conveniente distinguir entre “naturaleza” y “cultura”. El hombre es naturaleza y, por lo tanto, es una naturaleza que produce cultura; de ahí las particularidades de cada concepto y su relación con la complejidad del fenómeno cultural.

No todo proceso de construcción de la identidad en donde paulatinamente, de acuerdo una línea del tiempo, a las interacciones y a la necesidad en donde se van sumando otras identidades, promueven legítimos valores sociales de bienestar, transformación y trascendencia de acuerdo a la dimensión estricta de “cultura” a la cual nos referimos. Por el contrario, existen una suma de identidades que lejos de configurar armónicamente la personalidad en función de esos valores, desde la individualidad hasta la colectividad, deterioran el tejido social o simplemente, se reducen en lo banal, superfluo, efímero e intrascendente, sin poner en valor el derecho y obligación que por naturaleza, el ser humano posee para ser educado y educar y, por lo tanto, mediante este proceso en ambientes formales o informales, apropiarse legítimamente de los bienes, productos y servicios culturales.

Resulta complejo o indiferente para algunas instituciones “culturales” entender esta simple y llana explicación acerca del concepto de cultura… definitivamente el “sentido común, es el menos común de los sentidos”. Afirmar desde de una institución de cultura que “se hace o se está haciendo cultura”, como quien cosifica “algo”, resulta verdaderamente petulante, o bien, al margen “ese” sentido común. Por el contrario, las instituciones culturales son termómetros que miden, gestionan y difunden la identidad, más no la fabrican, manufacturan y etiquetan. Para Taylor, cultura es todo lo complejo que comprende el conocimiento, lo moral, la ley, la costumbre y otras facultades y hábitos adquiridos por el hombre en cuanto como miembro de una sociedad.  La cultura comprende los conocimientos, creencias, costumbres, usos y hábitos y, por ello, en este orden de ideas, la vocación de las instituciones, consiste en poner las condiciones necesarias para facilitar, promover salvaguardar y gestionar los bienes, productos y servicios que se desprendan de ella, enriqueciendo a la comunidad y extendiendo así, las inagotables ramificaciones que construyen y dan rostro social a una comunidad mediante la identidad, en interacción con otras identidades. Por ello, existe una identidad personal o individual, y otra social o colectiva, en donde es abanico inagotable de lenguajes encuentran como vehículo ineludible a las expresiones artísticas, expresiones infalibles al servicio de la construcción que dan rostro y nombre a una cultura determinada… diferente, única e irrepetible en relación a otras culturas… a otras identidades.

Definir una estrategia de gestión y promoción, indiferente ante el concepto de “naturaleza” y “cultura”, desde la perspectiva y organización, por ejemplo, de más de mil eventos en el marco de las celebraciones del aniversario de una ciudad, resulta, por “ese” menos común de los sentidos, un ejercicio desarticulado ante la genuina postura de poner en valor y establecer las condiciones para facilitar, gestionar y promover los bienes culturales, abismalmente lejos de un desarrollo identitario; eventos que hace algunos días en ruedas de prensa local, fueron anunciados con el propósito, además de celebrar, impactar regeneración del tejido social.

Hace ya algunos años, visitando una de las escuelas primarias públicas atendidas por el PROEA, observé durante las dos horas el desempeño de una profesora tallerista del área de danza, la cual se desempeñaba de manera brillante en términos de manejo de grupo; la atención de las y los menores, sin duda, se hacía evidente mediante sus risas suponiendo una capacidad de asombro. El contenido de el taller de la profesora era abordado a través “cantos, juegos y rondas”; actividades importantísimas para promover entre otros aspectos, el desarrollo neuropsicológico, la oralidad, la expresión corporal, el ritmo, el acento, el espacio, la lateralidad, el tiempo… pero, abismalmente lejos de la promoción del desarrollo de la identidad, armónicamente conectada con otras identidades de naturaleza humana para modificar y transformar entornos. La música grabada que utilizó para su sesión de “enseñanza artística”, se trataba de una cantante de “covers infantiles” de “estrellato” televisivo y radiofónico; era común ver a las y los niños escuchándola, cantando o reproduciendo sus ya famosas coreografías. Al terminar la sesión con el propósito de compartirle mis observaciones le comenté: “¡profesora… no le estamos ofreciendo a los alumnos algo diferente, algo más allá de lo que habitualmente ven en casa, con sus familias y frente al televisor!”; a lo que la profesora respondió: “¡es lo que les gusta a los niños!” Bajo este esquema, lamentablemente opera la producción ejecutiva de espectáculos “culturales” en Aguascalientes. La indiferencia de instrumentar estrategias de promoción de la cultura articuladas con la enseñanza artística que hagan ver y, asimismo, poner en valor el poder pedagógico de los lenguajes artísticos, a través de una de las infraestructuras más amplias y completas en el territorio nacional entre centros de animación, casa de la cultura municipales, centros de enseñanza, museos, galerías, teatros, foros y bibliotecas, refleja la ausencia de un proyecto cultural con rostro social acorde a la naturaleza humana, a su necesidad de comunicar y se comunicado, cuyo propósito únicamente se reduce al entretenimiento, a la celebración de aniversarios que estrictamente desarrollen identidad, una membresía colectiva auténticamente comunitaria que ponga el énfasis en lo que le es natural al ser humano como ser biológico, con capacidad de transformar su entorno y convertirlo en hábitos, costumbres y tradiciones, en rostros que se dinamicen y fusionen como referentes con otros rostros.

Si, efectivamente toda actividad humana suma a la cultura, pero existe una línea muy delgada que las instituciones suelen romper olímpicamente para caer en la banalidad, a lo accesorio en momentos efímeros de confort en las personalidades que se hacen colectivamente presentes en un “show”.

En resumen, esta laguna institucional no solamente radica en el correcto desempeño de las instituciones, partiendo de una definición de “cultura”. Es necesario, además, hacer una revisión cual filigrana de la Ley de Cultura del Estado de Aguascalientes partiendo de la claridad de “ese” concepto y, del mismo modo, que los perfiles que representan a estas instituciones, cuenten con la capacidad para aplicarla. El sentido común, es el menos común de los sentidos.

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