No es la X, es el miedo al cambio

Ahí la llevamos

Hay quienes se ofenden por una letra.

Una sola letra —una “x”, una “e”, una vocal distinta— que parece tener el poder de sacar lo peor de ciertas personas: su miedo.

Porque no es la letra lo que molesta, es lo que simboliza.
Molesta que las cosas cambien, que el mundo evolucione, que las nuevas generaciones hablen distinto, piensen distinto, sientan distinto.
Molesta que alguien use el lenguaje para abrir espacio a quienes antes no tenían voz.

Me critican por escribir todxs, como si con eso traicionara la lengua o la patria. Pero la verdad es que el idioma nunca ha sido propiedad privada.
El lenguaje cambia cada día, con cada generación, con cada conversación.
Cambió con el paso del tú al usted, con el teléfono, con el internet, con los emojis, con las abreviaciones y los memes.
Cambió sin pedir permiso.

Hoy una carita sonriente, una flama o un corazón dicen más que mil discursos.
Y detrás de cada emoji hay una nueva forma de empatía, una manera de decir “te entiendo” o “aquí estoy” sin palabras.
Los emojis no empobrecen el idioma, lo amplifican, lo llenan de matices emocionales que antes no existían.

Mientras tanto, los conservadores del verbo —los guardianes de la pureza gramatical— siguen creyendo que escribir bien es más importante que comunicar bien.
Pero la comunicación moderna ya no depende de la corrección, sino de la conexión.
Y el que no sepa conectar, deja de comunicar.

Te pongo un ejemplo personal:
Mi nombre se escribe con “W”, suena como “B”, y muchos lo pronuncian con “G” —“Gualter”— y nada de eso me cambia.
Sigo siendo el mismo.
Porque la esencia no está en la letra, está en la intención.

Esa misma obsesión pasa con los colores.
Todavía hay quienes creen que el rosa es para niñas y el azul para niños, como si los tonos tuvieran género o los sentimientos uniformes.
El mundo ya se pinta con otros matices: los colores hoy expresan libertad, diversidad, emoción, pertenencia.
Pero los que se aferran al pasado siguen viendo amenaza donde solo hay evolución.

Por eso me causa risa que alguien se sienta ofendido por una “x”.
Si una letra te provoca tanto conflicto, tal vez el problema no sea el idioma… sino lo que no quieres entender.

El lenguaje no se rompe por adaptarse.
Se rompe cuando dejamos de usarlo para empatizar.

Así que sí, seguiré escribiendo todxs.
No porque ignore las reglas, sino porque prefiero escribir con conciencia que hablar con miedo.

El día que entendamos que las palabras, los colores y los símbolos no son trincheras sino puentes, habremos dado un paso —no en el idioma, sino en la evolución humana.

 

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