Claudia Sheinbaum: el aplomo frente a la tormenta

Opinión

Hay momentos en que el liderazgo se mide no por las palabras, sino por la presencia. México atraviesa días de dolor y desolación: las lluvias e inundaciones recientes han golpeado con dureza a miles de familias, especialmente a aquellas que viven en la vulnerabilidad y la pobreza. Ante ese escenario, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha mostrado una actitud que merece ser reconocida sin regateo: la de una mujer que no rehúye, que camina entre el lodo y el llanto, que escucha, que le desespera la situación, pero que acompaña.

Su presencia en las zonas afectadas no fue la de quien busca reflectores, sino la de quien entiende que la política, en su sentido más humano, consiste en estar ahí, donde más se necesita el Estado y donde más se reclama la empatía. En tiempos donde la crítica suele ser fácil y la división cotidiana, resulta justo reconocer el aplomo, serenidad y compromiso con que ha enfrentado esta tragedia nacional.

Porque hay días en que la nación necesita menos discursos y más humanidad.

Hay horas en que la diferencia de pensamiento debe ceder ante el llamado de la solidaridad.

Hay circunstancias en que el único color que vale es el de la bandera que compartimos.

Las tragedias nos recuerdan la fragilidad de la vida y, al mismo tiempo, la fuerza de un pueblo que no se rinde. México siempre ha sabido levantarse una y otra vez, pero lo hace mejor cuando deja a un lado las disputas y se une para reconstruir. Hoy no se trata de simpatías políticas, sino de dignidad y gratitud. Cuando se actúa con sensibilidad, cuando se da la cara ante la adversidad, el reconocimiento no es adulación, es justicia.

Claudia Sheinbaum ha demostrado que el liderazgo también puede ser entendimiento, que la fortaleza no está reñida con la compasión. En medio del agua que arrasa, su figura serena simboliza una esperanza: la de un país que aún sabe acompañar, servir y tender la mano.

Porque, al final, cuando la tormenta pasa, lo que permanece es la huella de quienes supieron sostener al otro.

Y en eso, todos más allá de ideologías, debemos reconocernos como nación.

OTRAS NOTAS