Razones
Francisco C Santiago
Desde hace unas décadas, en Estados Unidos y Europa surgió una iniciativa que transformó la manera en que se reconocen las competencias profesionales: las certificaciones digitales o microcredenciales, emitidas por instituciones académicas, organismos profesionales y plataformas de aprendizaje en línea. En sus primeras versiones, se les conoció como badges —término inglés que se traduce como insignias—, pues funcionaban como pequeños sellos visuales que acreditaban la adquisición de una habilidad específica. Sin embargo, con el tiempo este concepto se amplió y adquirió un valor curricular tangible dentro de trayectorias formativas y laborales.
Las microcredenciales son certificados breves que avalan la adquisición de competencias concretas, ya sea técnicas, digitales o transversales, y representan una alternativa eficiente frente a la creciente brecha entre la formación tradicional y las demandas del mercado laboral contemporáneo. En un entorno donde las profesiones se transforman con rapidez, las universidades y centros educativos comenzaron a desarrollar programas modulares que permiten al estudiante certificar conocimientos de manera progresiva y acumulativa. Así, la formación deja de concebirse como un trayecto lineal para convertirse en un itinerario flexible que puede adaptarse a las necesidades, intereses y ritmos de cada persona.
En su origen, instituciones como el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la Universidad de Harvard y la plataforma edX impulsaron la creación de microcredenciales reconocidas internacionalmente, como los MicroMasters o los Professional Certificates, diseñados para acreditar habilidades específicas en áreas como ciencia de datos, inteligencia artificial, liderazgo o sostenibilidad. En Europa, universidades agrupadas en el Consorcio Europeo MOOC —entre ellas la Universidad de Edimburgo, la Universidad Abierta del Reino Unido y la Universidad de Leiden— desarrollaron un marco común para garantizar la calidad y la transferibilidad de estas credenciales dentro del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES).
En Canadá, el modelo ha avanzado aún más: provincias como Ontario y Columbia Británica reconocen formalmente las microcredenciales como parte de sus sistemas de educación superior. Instituciones como la Universidadde Toronto, la Universidad McMaster y la Universidad de British Columbia ofrecen programas certificados que permiten a los estudiantes acumular créditos académicos y, en muchos casos, convertirlos en parte de un título universitario. Esto demuestra que las microcredenciales no sustituyen a la educación formal, sino que la complementan y amplían, ofreciendo rutas más ágiles para la actualización profesional continua.
Este tipo de reconocimiento responde también a un problema persistente: la dificultad de los empleadores para validar la veracidad y pertinencia de los conocimientos y habilidades declaradas en los currículos. Las microcredenciales, al estar asociadas a métodos de evaluación verificables y estándares institucionales, permiten construir confianza entre empleadores y candidatos. Cada certificación puede incluir información sobre el contenido, las competencias adquiridas, la duración, la institución emisora y los criterios de evaluación, lo que brinda transparencia y trazabilidad a los procesos de selección.
En México, la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha comenzado a dar pasos firmes hacia la integración de estas nuevas formas de certificación dentro del sistema nacional de reconocimiento profesional. Una de las iniciativas más recientes y relevantes es la Constancia de Situación Profesional, un documento oficial emitido por la Dirección General de Profesiones (DGP) que reúne y valida la información académica y profesional de cada individuo.
Este documento tiene un valor estratégico: proporciona un respaldo oficial para los estudios, grados, afiliaciones y certificaciones obtenidos a lo largo de la trayectoria formativa y laboral de una persona. De esta manera, la Constancia de Situación Profesional se convierte en una herramienta clave para garantizar la transparencia y autenticidad de las credenciales presentadas ante posibles empleadores, instituciones académicas o entidades gubernamentales.
La constancia puede tramitarse de manera digital y contiene información detallada sobre la persona titular: sus datos de identificación, los estudios registrados ante la SEP, su afiliación a colegios de profesionistas, así como certificaciones, microcredenciales y competencias transversales reconocidas oficialmente. Además, incorpora un código QR que permite verificar su autenticidad a través del Registro Nacional de Profesionistas, fortaleciendo la confianza en la documentación presentada. Su vigencia es de quince días naturales, lo que garantiza la actualización constante de la información.
Este esfuerzo representa un gran avance en el reconocimiento de la microcredencialización en México, ya que abre la puerta al reconocimiento formal de certificaciones de competencias laborales, y promueve la construcción de rutas de aprendizaje personalizadas, adaptadas a las necesidades del mercado laboral. Así, un profesionista puede demostrar que posee las habilidades que el puesto requiere, respaldadas por una institución y verificadas por la autoridad educativa.
Más allá de la validación documental, la Constancia de Situación Profesional apunta a un cambio de paradigma: el reconocimiento del aprendizaje a lo largo de la vida como elemento central del desarrollo profesional. En un entorno en el que la tecnología, la inteligencia artificial y la automatización transforman constantemente las ocupaciones, las microcredenciales permiten a las personas mantenerse vigentes, adquirir nuevas habilidades y reinventarse sin necesidad de cursar programas extensos o costosos.
Para que este ecosistema funcione, es necesario consolidar un andamiaje sólido de colaboración entre el gobierno, las instituciones educativas, los empleadores y los organismos de certificación. La microcredencialización no solo implica emitir certificados digitales, sino establecer estándares comunes, sistemas interoperables y mecanismos de confianza que permitan reconocer el valor de las competencias.
En ese sentido, México inicia la integración de las tendencias internacionales que buscan articular educación, empleabilidad y competitividad bajo el de las competencias verificables y transferibles. La Constancia de Situación Profesional es un paso decisivo para ello porque sienta las bases de una política pública que reconoce la diversidad de trayectorias formativas y laborales.
Las microcredenciales son, en ese sentido, las nuevas credenciales del siglo XXI, y su integración en el sistema educativo mexicano marca el inicio de una etapa donde el mérito y la competencia podrán acreditarse.
En un mundo donde los conocimientos se actualizan a la velocidad de la tecnología, la posibilidad de demostrar lo aprendido —de manera segura, confiable y transparente— se convierte en una nueva forma de acreditación de competencias profesionales.