El desastre no lo provocó la lluvia

Desde el Segundo Piso

Otra vez llueve. Otra vez México se inunda. Las imágenes se repiten con una crueldad que ya parece rutina: calles convertidas en ríos, autos flotando, familias buscando entre el lodo lo poco que el agua no se llevó. Pero no, la lluvia no es la culpable. El desastre no lo provocó el clima. Lo provocó la indolencia.

En los últimos días, las tormentas que golpearon Veracruz, Puebla, Hidalgo, Querétaro y San Luis Potosí han dejado más de 70 muertos, 80 desaparecidos y 120 mil viviendas dañadas, según Protección Civil. Pero no es un desastre “natural”, es un desastre institucional. En México, los cargos técnicos se reparten como botines políticos: coordinadores improvisados, sobrinos del alcalde, exchoferes del diputado. Los manuales cambian, pero el guion es el mismo: llegar tarde, declarar “emergencia” y culpar al destino.

El CENAPRED advirtió que el país entró en una “fase crítica” de vulnerabilidad por el cambio climático y la falta de infraestructura. Los datos son contundentes: entre 2023 y 2024 los fenómenos hidrometeorológicos costaron más de 95 mil millones de pesos. Pero el costo real se mide en incompetencia. Cada peso ahorrado en prevención se multiplica en tragedia.

Ahí está el recuerdo del río Tula en 2021, cuando el agua cubrió hospitales y colonias enteras, o el reciente desastre en Querétaro, donde tres horas de lluvia bastaron para arrasar comunidades completas. Lo advirtieron técnicos e ingenieros, pero nadie escuchó. En México, la prevención no da votos; la reconstrucción da contratos. Y la diferencia entre prevenir y lamentar siempre cabe en una nómina mal asignada.

El climatólogo Vicente Barros lo dijo hace años, las emergencias ya no son “excepciones”, sino la nueva normalidad del planeta. Pero mientras el mundo discute cómo adaptarse, aquí seguimos debatiendo si la lluvia fue “atípica” o  si se desbordo ligeramente un río (Rocío Nahle dix it) No lo fue. Es el resultado de un clima que ya cambió y de gobiernosque actúan como si nada hubiera pasado.

El PPEF 2025 indica una reducción significativa en el presupuesto general de Conagua, que paso de aproximadamente 62 mil millones de pesos en 2024 a 37 mil millones de pesos en 2025. Esto representa una disminución de alrededor del 40.8% en términos nominales (o incluso mayor en términos reales, considerando inflación y ajustes).

Los discursos oficiales son otra farsa. Hablan de “acciones coordinadas” y de “solidaridad con los afectados”, mientras las familias siguen durmiendo sobre cartones. No hay coordinación posible entre incompetentes ni solidaridad en un país donde los damnificados se vuelven noticia solo hasta que gritan frente a una cámara.

La presidenta Claudia Sheinbaum recorrió las zonas afectadas en Veracruz. Bien. Pero una foto con botas en el lodo no sustituye una política nacional de prevención. Ojalá los gobiernos locales mostraran el mismo entusiasmo para limpiar drenajes que para organizar ferias y festivales.

Como siempre, los más pobres pagan el costo. Las colonias irregulares, los pueblos marginados, las laderas donde nadie llega a prevenir pero todos llegan después a prometer. El informe del MITECO lo resume bien: “los impactos del cambio climático no son neutrales”. Y en México golpean con más fuerza a quienes ya vivían al margen.

Nada sugiere que esto vaya a cambiar pronto. Mientras los cargos técnicos sigan siendo premios de campaña, cada temporada de lluvias será una ruleta rusa. Cada tormenta, una lección que nadie quiere aprender.

No es que el clima esté loco. Es que estamos gobernados por quienes no entienden el riesgo.

Y en medio del lodo, entre la resignación y la rabia, vale recordar lo que advirtió Albert Einstein:

“No podemos resolver los problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos.”

El problema es que, en México, ni siquiera hemos empezado a pensar en el cambio climatico.

Autor: Ricardo Heredia Duarte

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