¿De cuáles mujeres hablamos?

Intersecciones en Clave de Género

“Es tiempo de las mujeres”, repiten desde Palacio Nacional como si fuera un mantra. Pero, ¿de qué mujeres estamos hablando?

Mientras el mundo celebraba a María Corina Machado, líder opositora venezolana, por recibir el Premio Nobel de la Paz 2025 por su lucha democrática frente al régimen de Maduro, en México, la presidenta Claudia Sheinbaum optó por el silencio diplomático. Su única reacción: una frase genérica sobre “la autodeterminación de los pueblos”. Nada sobre el valor de una mujer que, desde la clandestinidad, desafió al autoritarismo. Nada sobre el significado feminista de resistir con dignidad. Nada.

Y eso que, según el discurso oficial, estamos en el “tiempo de las mujeres”. ¿Será que ese tiempo excluye a las incómodas, a las que no caben en el guion de la Cuarta Transformación?

Feminismo de geometría variable

Hay algo profundamente irónico en que un gobierno que ha hecho del eslogan “Es tiempo de las mujeres” su bandera identitaria, guarde un silencio sepulcral ante el reconocimiento internacional a una mujer que arriesga su vida por la democracia. Pero claro, Machado tiene un problema: está del lado “incorrecto” de la geopolítica progresista. Su valentía, al parecer, no cuenta para las narrativas oficiales.

Sheinbaum justificó su mutismo apelando a “la soberanía y la autodeterminación de los pueblos” —una frase que suena noble hasta que recordamos que esa misma “soberanía” en Venezuela implica persecución política, exilio forzado, y la criminalización de la disidencia. Entonces entendemos: el tiempo de las mujeres tiene condiciones, restricciones ideológicas y, sobre todo, selectividad política.

El feminismo de este gobierno parece operar como un club exclusivo: si militas en la corriente “correcta”, eres heroína; si no, ni siquiera mereces un reconocimiento cortés. Es un feminismo de geometría variable, donde la sororidad internacional tiene asteriscos y la empatía de género se activa o desactiva según convenga al manual ideológico.

Las que sí importan (o no)

Hablemos ahora de las mujeres que no reciben premios Nobel, pero que luchan batallas cotidianas igual de heroicas en territorio nacional. Mientras se pronuncian grandes discursos sobre empoderamiento femenino desde Palacio Nacional, más de 7.5 millones de recetas no se surtieron efectivamente en los diversos subsistemas de salud públicos en México durante 2023.

Detrás de cada una de esas recetas no surtidas hay una mujer. Una madre que no consigue el medicamento oncológico para su hija. Una jefa de familia con diabetes que debe elegir entre comprar insulina o dar de comer a sus hijos. Una mujer con trasplante renal que, desde noviembre de 2024, no recibe medicamentos como Sirolimus, Micofenolato y Tacrolimus del IMSS, poniendo en riesgo su vida.

El IMSS ha impugnado 78 amparos de medicamentos para el tratamiento del cáncer. Permítanme repetirlo: el gobierno está impugnando —es decir, peleando legalmente CONTRA— las órdenes judiciales que obligan a dar medicamentos a pacientes con cáncer. ¿Dónde quedó el “tiempo de las mujeres” para ellas?

Porque mientras se presume paridad en el gabinete, las mujeres mexicanas enfrentan una realidad que no cabe en los discursos: 

- Faltan medicamentos oncológicos y anticonceptivos en hospitales públicos. 

- Las cifras de violencia de género siguen en niveles alarmantes, con más de 10 feminicidios diarios. 

- Las mujeres indígenas y rurales siguen sin acceso a servicios básicos de salud y justicia. 

- Las cuidadoras siguen invisibles, sin derechos laborales ni reconocimiento económico. 

Palabra de mujer

Una verdad incómoda que hemos documentado desde MUJERES JEFAS DE FAMILIA A.C. es que las crisis de salud pública afectan desproporcionadamente a las  jefas de familia. Somos nosotras quienes dejamos de trabajar para cuidar enfermos. Somos nosotras quienes nos endeudamos para comprar medicamentos que el gobierno debería proveer. Somos nosotras quienes cargamos con el peso del sistema cuando éste colapsa.Somos nosotras que enfrentamos la violencia que se vive dia a dia en las calles. Somos las madres buscadoras de hijos e hijas que nos arrebata el narcotráfico.

El contraste entre el “tiempo de las mujeres” proclamado en foros internacionales y la vida cotidiana de las mexicanas no es una falla de retórica, es una falla de prioridades.

Y mientras tanto, se nos pide aplaudir que una mujer gobierna. Como si el género fuera garantía de justicia. Como si el feminismo se tratara de ocupar cargos y no de transformar estructuras.

María Corina Machado representa justo lo que incomoda: una mujer que no pidió permiso, que no esperó cuotas, que no se alineó. Su Nobel es un recordatorio de que el feminismo no es institucional, es disruptivo. Y que el poder, cuando se ejerce sin ética, es igual de patriarcal aunque lo encarne una mujer.

Así que sí, es tiempo de las mujeres. Pero no de todas. Solo de las que no incomodan, no cuestionan, no denuncian.

Las otras, las que luchamos, las que resistimos, las que exigimos, seguiremos esperando que ese tiempo “de las mujeres” también pueda llegar, porque merecemos un gobierno que nos vea como sujetas de derechos, no como piezas de un ajedrez ideológico.

El tiempo de las mujeres no debería medirse en palabras omitidas, sino en derechos garantizados. Y por ahí, creo yo, todavía nos queda mucho camino por recorrer.

Y mientras esperamos, seguimos escribiendo. Porque la intersección entre género, poder y silencio es demasiado peligrosa como para dejarla sin palabras.

Gwendolyne Negrete Sánchez es una Líder Social Presidenta Fundadora de MUJERES JEFAS DE FAMILIA A.C

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