Aguascalientes, AGS; La mañana en el centro de Aguascalientes despertó con un murmullo diferente: no eran solo autos ni transeúntes apresurados, sino tambores improvisados y el eco de voces que reclamaban justicia ambiental. Frente a Palacio de Gobierno, decenas de personas desplegaron pancartas verdes y blancas, mientras gritaban al unísono:
—“Con pozos ilegales, nos quitan manantiales”.
—“La Pona no se vende, se expropia y se defiende”.
—“¿A qué le temen? ¡Enseñen los papeles!”.
—“Teresa es bien corrupta, ni venta ni permuta”.
Al frente del contingente, Sofía González Ponce, de la colectiva Salvemos La Pona, tomó el megáfono y habló con firmeza, mientras la brisa movía los árboles de la plaza: “La Pona ya es de todas y de todos. Aunque jurídicamente tenga dueños, es suelo forestal y está protegido. No está a discusión”.
Sus palabras resonaron entre los manifestantes, recordando que aquel pedazo de mezquitera no solo es hogar de flora y fauna nativa, sino un amortiguador natural para las inundaciones en la saturada avenida López Mateos. Cada grito, cada tambor, parecía un recordatorio de que este espacio cumple funciones que van más allá de lo que un simple terreno urbano puede ofrecer.
El reclamo principal fue la opacidad del gobierno: “No hemos visto papeles, no sabemos qué acuerdos hacen a puerta cerrada. No nos han convocado a las mesas, aunque fuimos quienes detuvimos la maquinaria cuando intentaron iniciar un ecocidio el 25 de abril”, enfatizó Sofía.
Los manifestantes no olvidan que la hoy gobernadora Teresa Jiménez impulsó, durante su alcaldía, un plan para urbanizar dos terceras partes de La Pona, lo que significaría la desaparición de uno de los últimos pulmones verdes de la ciudad. La indignación se mezclaba con la esperanza: la ciudadanía organizada exige transparencia y participación, recordando que este espacio es un bien colectivo.
Del otro lado, el secretario general de Gobierno, Ricardo Prieto, explicó que las negociaciones con los propietarios continúan y que hasta que no se consolide un acuerdo no se puede dar información pública. Sus palabras, sin embargo, se perdieron entre los gritos y consignas:
—“La Pona no se vende, se expropia y se defiende”.
La movilización concluyó con calma, pero con un mensaje claro que aún flotaba en el aire: la ciudad despertó esa mañana sabiendo que La Pona seguirá siendo vigilada por quienes no están dispuestos a dejarla desaparecer.