En el mundo actual vivimos en un flujo vertiginoso de información, estamos sometidos a un bombardeo constante de mensajes y publicidad; los expertos en comunicación han diseñado algoritmos para retenernos en las redes sociales basados en el rastro digital.
Esa ola de datos y fotos publicadas tiene como objetivo encerrar a los usuarios en un círculo de preferencias y evitar confrontaciones con el pensamiento diferente para eludir la fricción con el otro y hacernos rehenes de los patrones y perfiles similares al nuestro e intensificar el consumo de contenidos y productos y por lo tanto pasar mayor tiempo en línea.
Esta vorágine de información limita la reflexión y de esta manera el algoritmo determina las opciones de sitios en la web de acuerdo a los clicks y genera un espectro adictivo en espiral para no abandonar los sitios virtuales y alimentar nuestras convicciones.
El rastro de datos en el ciberespacio es aprovechado para enviar promociones de productos y paradójicamente convierte a los usuarios en rehenes de sus preferencias y retroalimentan con publicidad o noticias ese patrón constantemente de consumo de espacio en la web.
El uso de los dispositivos móviles y de las redes sociales crea la ilusión de una comunicación personalizada y activan procesos de gratificación constantes mediante el envío de mensajes y likes que producen el espejismo de pertenencia a un grupo y en la mayoría de los casos esas interacciones están limitadas al ciberespacio y carecen de sustancia en la realidad cotidiana.
Esa idealización creada en el ciberespacio es crítica en el caso de los menores de edad los cuales no han desarrollado la madurez para diferenciar entre la fantasía y la realidad del espacio virtual. Los likes y comentarios se han convertido en indicadores de aceptación y un mal comentario puede generar ansiedad o estrés.
Por otra parte generan una ilusión de una vida sin problemas, basada en un mantra: “lo logré por que me enfoqué en mi objetivo” y el esfuerzo y trabajo son solo anécdotas para lograr metas.
Por otra parte la señal digital dejada en el ciberespacio tiene la posibilidad de convertirse en una amenaza de robo de identidad, estafas y acoso.
En el caso de los menores los riesgos son mayores por que esos vestigios pueden ser explotados por ciberdelincuentes que se ocultan en la identidad de otros menores para manipularlos y hacerlos presa de acoso y afectar su salud emocional valiéndose de la vulnerabilidad por su edad.
Un reto al sistema educativo es no normalizar esta situación en los estudiantes de educación básica, es necesario establecer desde la escuela mecanismos de prevención sobre el uso responsable de todos los medios de comunicación digital: telefonía, computadoras y cualquier dispositivo a su alcance.
Es imperativo gestionar el uso de redes bajo la supervisión de los padres pero las escuelas de educación básica pueden sumar mucho al esfuerzo de prevención del ciberacoso a menores a través de la promoción de un uso supervisado y responsable de las redes sociales y juegos en línea.
Se requiere una educación digital desde los primeros grados de educación, tanto en alumnos como docentes y personal de apoyo didáctico. Los menores usan celulares sin ninguna restricción y en ocasiones al ser nativos digitales pueden burlar los mecanismos de control parental.
En las redes sociales se exaltan figuras de perfección irreal y de un éxito inmediato y se crea un espejismo de facilidad o se promueve una al generar confusión e inseguridad al mostrar estilos de vida basados en patrones inalcanzables para menores.
Es necesario un programa en todos los niveles educativos, pero con mayor énfasis en la educación básica de educación digital en el cual se contemplen los efectos del uso sin limitación de redes sociales y video juegos.
En las escuelas para padres se debe hacer conscientes a los tutores de los riegos que corren por la sobre exposición al ciber mundo como ansiedad, baja autoestima, distracción y adicción entre otros. Es imprescindible enseñar los límites en el uso de las redes sociales y de los videojuegos
y la autorregulación.
Por otra parte en el salón de clases deben promoverse ejercicios inmersivos que muestren como funciona el ciberacoso, la infodemia y el robo de identidad y enseñarles a no compartir información sensible o personal.
Es necesario promover plataformas educativas gratuitas basadas en procesos de aprendizaje lúdico y de desarrollo de habilidades, para la diferenciación de la utilidad de las herramientas tecnológicas.
Así mismo promover el pensamiento crítico y evaluación de Información desde temprana edad para que los menores sean capaces de analizar contenidos y verificar la autenticidad de la información proporcionada por las interacciones en línea que realicen.
Tratar de aislarlos no es una buena decisión es solo una ilusión los jóvenes se enfrentaran a realidades complejas y ocultarlos de un entorno digital no es solución por eso es necesario que cuenten con competencias de síntesis de información los cuales permitirá reflexionar sobre las búsquedas en internet y sobre todo saber que existen espacios donde con seguridad puedan expresar sus dudas y no quedarse en el limbo de la incertidumbre, es necesario orientarlos a realizar preguntas y reformularse sus ideas si algo no les hace sentido.
En el mundo del TikTok se privilegian los mensajes breves y es importante que en esa brevedad de contenidos entiendan que existen teorías e ideas construidas por la reflexión desde hace siglos. El éxito nos inmediato y sin esfuerzo.